Artículos

Si me preguntaran

He recibido mensajes inspiradores de personas sensibles y con una gran capacidad de síntesis, que han conseguido hacer un balance significativo de sus vidas.

Me he identificado con ellos y los he reenviado a mis seres queridos, quienes más de una vez me han preguntado: ¿es tuyo?

Les he respondido que no, señalándoles el autor cada vez que sabía su nombre.

Eso ha hecho que surja en mi la inquietud de llevar a cabo mi propia reflexión, mi propio balance, respondiendo a la pregunta imaginaria: Y tú ¿qué tienes que decir, qué has sacado en limpio de tu vida?

Estar aproximándome rápidamente a los 70 me da el privilegio de esa reflexión. Así que aquí voy:

“En mi vida solo me he topado con niños, unos enfundados en una personalidad cerrada y otros viviendo aún libres, abiertos a la vida.

De los enfundados he aprendido cómo el desamor hacia uno mismo nos hace querer y rodearnos de cosas que ocultan nuestra soledad: pertenencias, posiciones y creencias.

Las pertenencias se adueñan de nuestras almas haciéndonos creer que las poseemos, las posiciones nos alivian al hacernos sentir importantes y las creencias nos asimilan a grupos que comparten ideologías que solo germinan en nuestras mentes, alejadas de nuestra piel.

He querido a niños y a niñas enfundadas, incluso a algunos los he llegado a amar.

He amado a amigos y amigas que me han obsequiado su corazón. Los he visto con y sin el disfraz y ellos a mi también.

Algunos se marcharon violentamente de mi vida, dejándome el sinsabor de su partida. Unos pocos han sido incondicionales e incluso he conseguido amigos nuevos en mi madurez, de esos que lo entregan todo, pues saben que el tiempo se acaba y que lo realmente importante es tener a alguien a quien amar.

Los otros niños, los libres, me hicieron revivir, me amaron sin darse cuenta y unos pocos aún siguen haciéndolo. Son como ángeles en la tierra, manifestaciones de lo bueno, lo bello y lo verdadero.

Descubrí en qué consiste el bendito “pecado original” del que hablan los católicos. Consiste en tener un padre y una madre, pues nadie escapa a eso.

Pecado en el sentido de peca, de mancha, huella o impronta. De programación básica que nos ubica respecto a nuestro género. Que nos ayuda a sabernos hombre o mujer, o alguna de las otras formas de experimentar la sexualidad.

Todo hombre o mujer lleva adentro a una versión de su padre y de su madre, o de quienes hicieron sus veces. Al erigir su personalidad, a ellos se semejará o de ellos se distanciará, dependiendo de que hayan cultivado una relación afectuosa o por lo contrario tirante.

Y con fortuna cada uno podrá un día ser “bautizado”, librado del “peccatum” cuando sea capaz de decidir ser alguien más allá de lo que sus padres fueron o dejaron de ser. Y concebir también al género opuesto sin el filtro progenitor.

Ese día nace un insurgente, un ser vital que supera la impronta básica. Un hombre o mujer renovado que enriquecerá la psicodiversidad humana con su manera de ser particular y única; ni copiada ni reaccionaria, simplemente genuina.

He conocido a seres de esos y es imposible no amarlos.

Con los años he visto que hay un plan perfecto que se llama vida. Que no hay falta en cuanto hacemos, sino tan solo aprendizajes. Que incluso cuando causamos dolor ajeno, era parte del plan perfecto del otro y nosotros simples instrumentos inconscientes. Aunque después nos infrinjamos castigos para reparar nuestra falta de luz y nuestro proceder descuidado.

Hoy celebro la vida y todo lo que me ha brindado. He sido tan afortunado que un joven vive aún en mi. Joven para enamorarme, joven para emprender, joven para creer que el mundo puede ser mejor si preservamos a los niños libres y acompañamos a los enfundados para que se conviertan en quienes en el fondo ya son”.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2018 Vladimir Gómez Carpio

Regístrese gratis aquí y reciba las novedades de Vladimir Gómez Carpio.