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Seguridad de ser y sapientipos

De qué está hecha nuestra sabiduría

Nota: El presente artículo es tomado del próximo libro de Vladimir Gómez Carpio: “Cumplir lo prometido”, cómo aumentar nuestro poder de realización.

La “seguridad de ser” de una persona se construye en buena medida a partir de una serie de informaciones, provenientes de diversas fuentes, las cuales va integrando progresivamente a su cuerpo de conocimientos desde el momento en que comienza a tener uso de razón.

Ese conjunto de conocimientos o “base sapiencial” -de sabiduría- le resulta particularmente útil a la hora de afrontar las situaciones de su vida y asumir los diferentes retos que se le plantean. El tipo de conocimientos que predomine en cada persona influirá en su manera singular de interpretar e interactuar con “la realidad”.

En función del tipo de conocimientos que sustenta el punto de vista de un individuo, podemos hablar de seis “sapientipos” (del latín sapien: sabio; del griego τυπος, tipos: modelo).

Un sapientipo es “la manera particular de interpretar la realidad que adopta un individuo, en función del tipo de información de la que se nutre”.

Veamos cada uno de los sapientipos:

1- Al individuo que fundamenta su confianza personal principalmente en su experiencia, en sus propias vivencias, le denominamos “EMPÍRICO”.

Los “empíricos” suelen ser personas vivaces, francas, auténticas, con un conocimiento práctico de la realidad, casi innato, que les lleva a manejar las situaciones que se le presentan dentro de un gran pragmatismo.

En el “empírico” abunda el sentido común, la sensatez y el instinto, y sustenta sus juicios en informaciones concretas, tangibles; fruto de acontecimientos vividos casi siempre en primera persona.

El “empírico” posee un conocimiento suficiente del mundo material que le rodea y no se inquieta por buscar explicaciones racionales a los fenómenos, pues lo que le importa es el valor o utilidad que puedan prestarles sus informaciones.

El individuo que ejemplifica este sapientipo desarrolla una confianza “visceral” en sí mismo, lo cual le será particularmente útil a la hora de tomar decisiones, pues su seguridad de ser la ha estructurado sobre la base de su historia personal.

2- En oposición al empírico tenemos al “EDITOR”.

Este sapientipo conforma su cuerpo de conocimientos mayormente a partir de referencias externas, de informaciones obtenidas de otros agentes, ya sea mediante conversaciones, libros u otro tipo de documentos, o bien a través de los medios de comunicación; incluida Internet y las redes sociales.

La certeza del “editor”, proviene de la confianza depositada en sus fuentes, de la fiabilidad de sus “informantes”, por lo que cada cierto tiempo deberá revisar su base de conocimientos y verificar la calidad de las informaciones sobre las que ha sustentado su comprensión de la realidad.

Esto último será particularmente necesario durante esas situaciones coyunturales en las que la veracidad de las informaciones de que dispone resulte crítica para la toma de decisiones.

El “editor” tendrá que estar muy alerta con la avalancha de informaciones que inunda cada día la vida del hombre moderno, debiendo ser muy selectivo, aplicando criterios claros para decidir lo que precisa saber y para evitar la infoxicación; ese síndrome de nuestro tiempo que es debido a un exceso de informaciones.

3- El siguiente sapientipo, el “RACIONAL“, depende principalmente de los conocimientos que le aporta su bagaje científico y filosófico.

El “racional” hace acopio de informaciones que son “patrimonio de la humanidad”, que se encuentran disponibles para todo el mundo, siempre que su nivel de educación le permita comprenderlas.

Dichas informaciones y el conocimiento resultante, proceden de aplicar con rigor el método científico, en el caso de la ciencia, o de seguir procedimientos como la deducción, la inducción, la dialéctica y la analogía, en el caso de la filosofía.

Cabe resaltar que una base fuertemente “racional” en un individuo no implica, necesariamente que tenga madurez emocional al tomar sus decisiones personales o al manejar situaciones complejas. Excepto que se haya interesado en la psicología aplicada y domine herramientas que le ayuden a gestionar sus emociones.

4- En oposición al racional tenemos al “CREYENTE”.

Este sapientipo se caracteriza por una forma de pensar basada en supuestos no justificados o falsos, que dan lugar a conocimientos y opiniones que no se basan en hechos. En el individuo que sustenta este sapientipo tienen gran peso las informaciones “reveladas”, contenidas en los libros sagrados o de origen “divino” de las diferentes religiones.

Bajo este sapientipo se encuentra también el conocimiento mágico en sus diferentes formas de expresión, tales como: el ocultismo, el esoterismo, la magia o brujería, la superstición y las llamadas mancias (astrología, cartomancia, quiromancia, feng-shui).

Igualmente incluye las paraciencias, esas ramas del saber que, a pesar de incluir ciertos elementos lógico-racionales dentro de su cuerpo de conocimientos, no siempre se ciñen al método científico (homeopatía, parapsicología, numerología, aromaterapia).

En un momento dado el “creyente” podría tener que profundizar más en sus informaciones -a las que atribuye un origen sobrenatural- como cuando afronta ciertos sucesos para los que no encuentra explicación dentro del cuerpo doctrinario de su confesión; situación ésta que, eventualmente, podría llevarle a cuestionar su fe.

5- El siguiente sapientipo, el “INSPIRADO”, obtiene sus informaciones de una forma que podríamos calificar de directa, instantánea y sublime.

Al “inspirado” las informaciones le llegan por intuición, a través del “sexto sentido” y es un fenómeno que sucede tanto en el ámbito de las artes, como de la ciencia y la espiritualidad; aunque también se da dentro de las relaciones interpersonales. El contacto con las musas, la comprensión súbita o el “momento Eureka” y las llamadas “canalizaciones espirituales”, se encuadran dentro de este sapientipo.

La intuición es esa habilidad que nos permite conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la intervención de la razón. No obstante, algunos consideran este concepto un apaño creativo, fruto de la imaginación y la explican más bien como el resultado de una vertiginosa sucesión de procesos lógicos, realizados de manera inconsciente y alimentados desde la base de conocimientos del individuo. Pero hay quienes, por lo contrario, lo consideran la más elevada clase de conocimiento, un privilegio de santos, rishis, iluminados y otras mentes esclarecidas.

No debemos confundir este sapientipo con el del creyente, el cual está sujeto a la influencia de alguna doctrina, grupo u organización.

La seguridad del inspirado para confiar en sus informaciones la obtendrá al plasmar en hechos sus insights (escritos, obras de arte, explicaciones) y el reconocimiento del público a sus aportes.

6- Finalmente, el sexto tipo lo constituye el “ESPECULADOR”.

Especular es hacer suposiciones sobre algo que no se conoce con certeza y es un proceso que llevan a cabo personas que tienen bien desarrollado el pensamiento abstracto y son dadas a reflexionar las cosas en profundidad, en términos puramente teóricos.

El “especulador” parte de hechos verificados o por verificar y lleva a cabo inferencias y deducciones que le permiten llegar a conclusiones originales; creando así nuevas informaciones que engrosan su base de conocimientos.

A diferencia del racional, en el especulador los elementos fácticos (basados en hechos) suelen ser menores, mientras que los constructos son mayores.

Este sapientipo genera conocimiento nutriéndose del resto de las informaciones incluidas en su base sapiencial y el sesgo particular con que aborda la realidad dependerá del peso que tenga uno u otro tipo de informaciones dentro de sus elucubraciones.

La validez de los juicios que elabora el “especulador” y la seguridad que estos le confieren durante sus procesos decisorios, radica en la disciplina con la que haya sido capaz de realizar sus reflexiones y la medida en la que haya podido contrastar sus conclusiones con la realidad.

Difícilmente encontraremos a alguien que represente un sapientipo puro. Cada individuo contiene una mezcla singular de los seis tipos -algo así como se mezclan los colores en el cubo de Rubik- y será esa composición peculiar la que determine sus convicciones y su subjetividad.

Así, el “racional” recurrirá al “especulador” para crear nuevos constructos. El “creyente” apelará al “racional” para procurar argumentos que tiendan un puente entre la razón y la fe. El “inspirado” elucubrará y racionalizará su inspiración para poder comunicarla, y la contrastará con el “editor”. El “editor” apelará al “empírico” para dotar de mayor credibilidad su discurso.

No olvidemos que cada persona considera su base sapiencial como parte de su “forma de ser” y en ella sustenta sus opiniones y sus decisiones, y que no siempre tiene consciencia desde que sapientipo está actuando.

El equilibrio y la ponderación en el empleo de nuestras informaciones son la norma a seguir al tomar nuestras decisiones.

“Confía en lo vivido y no te llenes de tantas verdades prestadas. Deja que tus certezas se enraícen en tus vivencias y edifica sobre ellas tu cuerpo de conocimientos.

Escucha a los demás, pero no dejes que su voz acalle la de tu corazón y contrasta los hechos que te refieren, no sea que construyas castillos de conclusiones en el aire de las suposiciones.

Guíate por la razón, pero no mires con recelo la emoción y pon tu intelecto al servicio de tu sensibilidad, así no producirás cosas que hagan daño.

Si cultivas una fe, permite que junto a ella también florezca la duda, así darás cabida dentro de tus creencias a las creencias de los demás; lo más probable es que ambos tengáis la razón y que ambos estéis equivocados.

Permite que la luz que proviene de tu inspiración ilumine tu entendimiento y guíe tus especulaciones, pero somete a prueba el fruto de tu elucubración.”

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Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

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