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En caso de descompresión

“Ayudar sin inmolarse”.

Se escucha cientos, miles de veces cada día, antes de comenzar cualquier vuelo comercial, en cualquier parte del mundo, pues es parte del protocolo de seguridad de las líneas aéreas:

“En caso de descompresión las máscaras de seguridad caerán automáticamente…asegúrese de colocarse primero su máscara antes de intentar ayudar a otros…”

Juan Félix, un amigo, en ocasiones llama la atención sobre este hecho simple pero contundente que podemos pasar por alto: la manera lógica de proceder ante una situación crítica -tal como un incidente de avión- es la de cerciorarnos primero de estar en condiciones de funcionar adecuadamente, antes de pretender ayudar a otros; así estos fuesen niños.

Los seres humanos a veces llegamos a privarnos de lo esencial para nuestra existencia a fin de favorecer a otros, ya sea que estemos hablando de:

  • Una madre sacrificándose por un hijo
  • Un amigo por otro amigo
  • Un creyente inmolándose por su religión
  • Un soldado por su patria

El sacrificio y el heroísmo son considerados comportamientos ejemplares en muchas sociedades. El acto de entrega máximo pareciera ser ofrendar la vida propia por un ideal superior.

En ese sentido, la práctica del harakiri o seppuku, por parte del samurai, conmueve a la mayoría de las personas. Sobre todo si se entiende que el principio subyacente en este suicidio ritual (cortar el vientre), es que es preferible morir a vivir sin honor.

Una visión pragmática del sacrificio ve este acto como una transacción más de las tantas que realizamos a lo largo de nuestra existencia; en la cual cambiamos algo por algo. En este caso, nada más y nada menos que nuestra vida, por un ideal o valor el cual estimamos superior.

Pero la demanda de ayuda o de colaboración ante la cual nos veremos expuestos la mayor parte del tiempo, no exige tanto de nosotros, puesto que consiste, básicamente, en brindar apoyo a otros, si lo necesitaren; sin menoscabo de nuestras condiciones existenciales.

De poca ayuda podremos serle a otros si al ayudarles deterioramos nuestra base económica, o nuestra salud. Incluso religiones como el cristianismo exhortan a sus fieles a: “amar al prójimo como a ti mismo…”. No más, sino “como a ti”.

El sacrifico ha ser visto desde una perspectiva sistémica, global y de optimización del beneficio para la mayor cantidad de los agentes involucrados.

Cuando los gobiernos, por ejemplo, apelan al sacrificio colectivo para realizar ajustes macroeconómicos en una nación, deben asegurarse de que éstos sean equitativos y no quiten el aliento a la gente.

De manera que la ayuda sana y sustentable procede de quien se ubica desde una perspectiva de auto preservación, de asegurarse primero del sostenimiento de sí mismo y de lo propio, para poder después realizar su ayuda a los demás. De lo contrario no habrá un perjudicado, sino dos.

Tengamos presente entonces la máxima que reza: “la ayuda empieza por casa”.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2014 Vladimir Gómez Carpio

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