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El tiempo nuestro de cada día

“Sacando un mejor provecho de nuestras horas”.

Casi todos dedicamos al menos ocho horas diarias a nuestro trabajo. Pero no siempre podemos disponer realmente de dicho tiempo a nuestro antojo. Esto es particularmente cierto en aquellos puestos de trabajo no operativos. Es decir, en esos cargos en los que el trabajo a realizar implica labores no rutinarias, sino creativas, de planificación, de coordinación, de dirección, o de asesoría.

En la medida en la que un trabajo es poco estructurado y demanda un cierto grado de libertad de acción -como es el caso de los cargos antes mencionados- el tiempo no controlado, o no discrecional, tiende a aumentar. Es por ello que los individuos que ejercen dichos cargos deben desarrollar habilidades singulares, que difícilmente se aprenden en los cursos de administración de empresas, que les permitan hacer un adecuado uso de su tiempo.

Cuando nos referimos al tiempo, estamos hablando de dos conceptos diferentes: el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo.

El primero es el que miden los relojes y pareciera ser siempre el mismo -aunque los físicos cuánticos nos dirán que esto no es cierto. Pero no ocurre lo mismo con el otro tiempo, el subjetivo o psicológico, ese que medimos a través de nuestro reloj interno, este segundo tiempo es, por lo contrario, plástico: se acorta cuando tenemos presión por terminar algo en un plazo determinado, se alarga cuando estamos haciendo algo que no nos gusta y se hace eterno cuando disfrutamos lo que hacemos, concentrados en el presente; en el aquí y el ahora.

Para sacar un mejor provecho del tiempo que miden los relojes, bastaría con:

  • Elaborar una agenda y registrar en ella nuestras prioridades
  • Asignar un tiempo definido a cada tarea
  • Tener la disciplina necesaria para ceñirnos a la agenda en cuestión

No obstante, para impedir que eso suceda existen los “ladrones del tiempo”. Uno de estos ladrones lo constituyen los imprevistos, otro, ciertos y determinados temas que nos resultan atractivos y que logran distraernos de nuestra agenda, desviando nuestra atención.

Una forma práctica de lidiar con los imprevistos es dejar libre un porcentaje de nuestro tiempo cada día, digamos un 15%. De esta forma podremos dar cabida a las eventualidades que pudieran surgir y que no fueron contempladas en nuestra planificación.

En cuanto al otro distractor, esos temas particulares que nos atraen de sobremanera, aquí la clave consiste en tener un balance diario entre las actividades obligatorias y las actividades divertidas. Para ello es fundamental identificar esas áreas de nuestro trabajo que nos resultan atractivas y proponernos desarrollar en ellas habilidades excepcionales. De esta forma, en la medida en la que las vayamos desarrollando, lo más probable es que cada vez nos veamos más involucrados en proyectos que demanden la aplicación de estos nuevos talentos.

El grado de realización personal que logramos experimentar en el trabajo – tiene que ver con el tiempo psicológico- está en función de nuestra dedicación a las actividades gratificantes, enriquecedoras.

Por lo general, para que un trabajo resulte motivador, gratificante, se requieren tres condiciones:

  1. Que sea considerado importante para quien lo realiza (valorado)
  2. Que conceda cierto grado de autonomía al trabajador (que el individuo se sienta responsable por los resultados que obtenga)
  3. Que provea feedback directo (que no haga falta que un tercero le diga al individuo que tan bien lo ha hecho)

Diseñar puestos de trabajo que cumplan estos tres requisitos es una labor compartida entre el supervisor y el supervisado. Al primero le corresponde concebirlos atendiendo a los requerimientos de la organización, y al segundo, probar que tiene las actitudes y aptitudes -talentos- necesarias para que pueda darse una delegación de las responsabilidades.

Una jornada de trabajo provechosa es aquella en la que:

  • Aportamos nuestra cuota diaria de valor a la organización
  • Disfrutamos con lo que hacemos
  • Nos acercamos al logro de los objetivos personales que nos hemos trazado

Conseguirlo requiere claridad de propósitos y un buen uso de nuestro tiempo, físico y psicológico.

El aprendizaje de métodos de gestión del tiempo viene vale el esfuerzo.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2014 Vladimir Gómez Carpio

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