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Lo que nos enseñan los chistes

“Las vías alternas de la creatividad”.

Un señor va al médico y le dice: “Doctor, mi esposa me tiene angustiado. Creo que se está quedando sorda, cuando le hablo, sólo responde si estoy muy cerca de ella”.

El médico le dice: “Hagamos una cosa, al llegar a su casa usted se va a colocar detrás de su mujer, a unos cuatro metros de distancia, y le va a hacer una pregunta. Si no le escucha, se va a acercar un poco y va a repetir la pregunta de nuevo. Así, se irá acercando cada vez más hasta que consiga que ella le conteste. De esta forma podremos tener una idea de la gravedad del problema”.

Esa noche, mientras la esposa estaba en la cocina, el señor se colocó detrás de ella, a unos cuatro metros de distancia, y le preguntó: “Mi amor, ¿qué hay de cenar?”

Obtuvo un silencio absoluto. Entonces se colocó a tres metros de su esposa y repitió la pregunta: “Mi amor, ¿qué hay de cenar?”

No obtuvo respuesta, por lo que se acercó hasta quedar a dos metros de su mujer y volvió a preguntar: “Mi amor, ¿qué hay de cenar?”

Al no recibir respuesta tampoco, preocupado se acercó hasta quedar a menos de un metro de distancia de ella y volvió a preguntar: “Mi amor, ¿qué hay de cenar?”

Entonces ella se volvió molesta y respondió: ¿Pero qué te pasa?, ¡Ya es la cuarta vez que te digo que hay pollo!

Muchos chistes al igual que este se construyen empleando el siguiente patrón:

  • Narran una historia
  • Se sobreentiende otra historia paralela
  • Al final, cuando se cambia de una a otra historia, ocurre la sorpresa, salta la chispa y con ello la risa -si el que cuenta el chiste sabe hacerlo.

De igual forma, con las explosiones de creatividad sucede algo similar:

  • Se reconoce o se describe una situación
  • Se advierte una forma paralela de hacer la misma cosa
  • Se produce el enlace, salta la chispa, surge el camino alternativo; el famoso ¡eureka!

Hace poco, leí en una revista dedicada a temas futuristas, que un científico estaba planteado la idea de crear una plataforma tipo bar u hotel en el espacio, flotando sobre la Tierra, de manera que la gente que viajará en avión, en ciertas rutas, simplemente se le subiría al bar y se le dejaría allí suspendida, esperando a que la tierra diera la vuelta y llegara al punto dónde el pasajero desea llegar. Después, “simplemente” se le bajaría en su destino.

Entre las ventajas de este asombroso método está la de un tremendo ahorro de energía (la Tierra no cobra por dar vueltas).

Para llegar a su creación este científico seguramente siguió un camino similar al del chiste: Leyó la historia principal -la gente se desplaza en avión de un punto a otro del planeta- pero al mismo tiempo se fijó en otra historia paralela que transcurría -la Tierra tiene un movimiento rotatorio, da vueltas sobre su mismo eje. Después enlazó ambas ideas: ¿por qué no dejamos que sea la Tierra la que llegue al sitio en el que la persona se dirige, mientras ésta espera plácidamente en un punto? Y lanzó su propuesta. Lo siguiente es ver su factibilidad y su viabilidad.

La próxima vez que se encuentre en su empresa u organización ante un reto que exija una salida creativa, considere la posibilidad de comenzarla con un chiste y de seguir un método similar al que utilizan algunos humoristas para hacernos reír.

Por cierto, aquí le dejó otro chiste:

En un poblado se presenta de momento una tormenta devastadora, que casi acaba con todas las casas. Los habitantes se refugian en la iglesia, que es la construcción más fuerte del pueblo.

A cada momento que pasa, la tormenta se hace más fuerte y el cura, preocupado por la situación, pide a los feligreses:

“¡Hijos: recemos un Ave María para que cese esta catástrofe!”

Todos fervorosamente comienzan:

– “Dios te salve María, llena eres de gracia…”

El padre, al ver que la tormenta hace temblar cada vez con más fuerza las puertas y ventanas, insiste:

“Hermanos, recemos ahora un Padre Nuestro…”

Todos responden:

– “Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…”

Así se repiten los pedidos del sacerdote, con la fe de que se termine la tormenta.

De pronto, el padre desde el altar observa que las tablas del techo de la iglesia se desprenden por la fuerza de los vientos y señalándolas, grita:

– ¡Las tablas, las tablas!

Al oír esto, los feligreses corean:

– “Dos por uno, dos; dos por dos, cuatro….”

Aquí también transcurría una segunda historia, una segunda interpretación.

Así que a divertirnos creando soluciones para nuestros retos diarios, siguiendo este risueño método.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2014 Vladimir Gómez Carpio

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