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¿Qué resuelve un consultor?

“No sólo le pide el reloj para venderle la hora”.

Conformando firmas grandes y pequeñas, constituyendo poderosos think tanks, operando detrás de formidables emporios, ayudando a cambiar de rumbo a empresas paquidérmicas, proponiendo políticas y estrategias a los gobernantes, los consultores hemos existido desde siempre y estamos detrás de muchas grandes decisiones.

Parece ser que el primer consultor del que se tiene noticia fue una serpiente que propuso cierto plan a Eva, en el Edén. Los resultados de su propuesta están aún por contrastarse.

Es bastante conocida la irónica definición a la que hace referencia el subtítulo de este artículo: “un consultor es alguien que le pide prestado su reloj para luego venderle la hora”. Pero, cinismo aparte, la consultoría es un oficio interesante y muy singular, pues sí consideramos el acto de liderar como “lograr resultados a través de los demás”, entonces un consultor es “un líder detrás del líder”.

Sólo que mientras los líderes naturales de las organizaciones tienen mando, poder de hacerse obedecer, los consultores por lo general no lo tienen. Basan su autoridad en sus conocimientos, en las herramientas que dominan y en la capacidad que tienen de persuadir, de vender sus puntos de vista.

En ocasiones los consultores actuamos a manera de confesores, psiquiatras, o terapeutas. Lo único es que en lugar de hacerlo con cuerpos y mentes humanas, lo hacemos con organizaciones y con culturas organizativas.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su Manual del Consultor, establece una interesante diferencia entre lo que es un asesor y un consultor. El primero -dice- es alguien responsable por emitir una opinión cuando se le pregunta, mientras que el segundo, es responsable por conducir un proceso de cambio: Descongelar una organización, asegurarse de que se modifique y congelarla de nuevo (dejarla operativa).

Aunque cada día se le exige más a los consultores para que respondan por los resultados de sus recomendaciones, no debemos olvidar que su rol no debe ser confundido con el del líder de la organización asistida. Ni tampoco olvidar que, como sentenció Maquiavelo en “El Principe”, “A mal rey, peor asesor (o consultor)”.

De manera que un consultor bien puede venderle un destornillador, asegurarle que funcionará con tornillos de estrías, e incluso que el destornillador no se oxidará si usted lo deja a la intemperie. Pero lo que no debe esperar de un consultor, es que afloje o apriete dichos tornillos por usted. Esa es una tarea exclusiva del líder.

El trabajo de consultoría ha sido considerado por estudios científicos internacionales, como uno de los oficios más enriquecedores y satisfactorios que existe (Job Diagnosis Survey). Pero al mismo tiempo, es una profesión que exige actualización continúa, un permanente aprendizaje de las “mejores prácticas”; esos métodos para hacer las cosas de manera más eficaz y eficiente que constantemente se están destilando a lo largo y ancho del planeta.

Finalmente, los consultores tenemos una cualidad que nos semeja a los vinos: el añejamiento nos sienta bien. Aunque debemos reconocer que también hay vinos jóvenes muy buenos.

De forma que si ante el próximo desafío de su organización usted decide contratar a un consultor, sólo me queda decirle: ¡Salud!

Ah, y recuerde no abusar de la bebida.

Para descargar este artículo en PDF haga clic en el siguiente enlace Art. 50 Blog

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2014 Vladimir Gómez Carpio

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