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Se solicita equilibrista…profesional

“El porqué de algunos estrepitosos fracasos laborales”.

Imagine la siguiente situación:

Usted está buscando trabajo y consigue un aviso en Internet, de la empresa “La gran carpa S.L.”, que dice así: “Se solicita especialista en caminar por la cuerda floja, imprescindible que sea profesional y con experiencia.”

En virtud de sus andares por las alturas, en situaciones de riesgo, usted consigue concertar una entrevista. Al llegar, el entrevistador, el dueño de “la gran carpa”, lo primero que le pregunta es si usted es realmente un profesional, a lo cual no tiene problema en responder que sí, con desbordante seguridad.

A través de la entrevista, en la cual usted expone su aquilatada experiencia como funámbulo, surge una buena empatía con el entrevistador de manera que luego de negociar las condiciones económicas y acordar la fecha de inicio, éste decide contratarle, no sin antes preguntarle, una vez más, si usted es realmente un profesional. Lo cual usted ratifica de nuevo, sin demora.

Ante de retirarse de la entrevista usted le pide al gran jefe inspeccionar las instalaciones para familiarizarse con su lugar de trabajo. Una vez en el sitio se sorprende al comprobar que no hay red, que el trabajo se realiza sin malla de seguridad. Inmediatamente pregunta al dueño por la red, a lo cual que éste responde: “Un momento, usted me ha dicho que es un profesional y ya está pensando en caerse. Este es un circo con escasos recursos, estamos en proceso de austeridad y hemos tenido que reducir algunos gastos como la red y su mantenimiento, pero si usted tiene miedo y no es un hombre de retos, dejémoslo hasta aquí, yo lo que necesito es un verdadero profesional”.

Usted, necesitado del puesto, seguro de sus talentos y ahora retado en su orgullo, decide que trabajará sin la red, pues es todo un profesional de la cuerda floja. Acto seguido pregunta al dueño por la pértiga, a lo que éste responde de nuevo con un discurso similar: “¿De qué me habla, de la barra estabilizadora que necesitan algunos equilibristas novatos y sin experiencia?” Pues no, no gastamos en eso, para eso hemos buscado un profesional, para ahorrar en costes. ¿Pero es usted realmente un profesional o no?

Tímidamente usted responde que sí, que se las apañará también sin la pértiga.

En su primera semana de trabajo, luego de algunas sesiones de entrenamiento se encuentra ya listo para entrar en escena y presentarse ante el público. Solo que una vez en las alturas, justo antes de empezar la función, el dueño del circo le increpa: “¡No olvide la venda!”. ¿Qué venda? –pregunta usted. “Pues la que se usa para taparse los ojos y lograr que el público se emocione aún más” – le dice su apasionado jefe.

Después de intercambiar una par de frases con él, y cuestionando éste, una vez más, su supuesta profesionalidad, usted decide vendarse los ojos para realizar su función; a fin de cuentas, para eso es usted un profesional y un hombre de desafíos.

Luego de dados algunos  pasos por la cuerda floja en esas condiciones, usted da un traspié, cae y se mata.

La pregunta que surge es: ¿Qué dice el dueño del circo una vez que le ve a usted estrellado en el piso?

Pues probablemente: “Este hombre y que era un profesional, y al primer reto que ha tenido se ha estrellado; debo buscar otro equilibrista”.

La segunda pregunta que sugiere esta historia es: ¿De quién es la culpa?

Estoy seguro que estará de acuerdo con mi respuesta: De ambos, tanto del que lo empleó en esas condiciones de trabajo, como del que aceptó trabajar en ellas, arriesgando su vida.

¿Le resulta familiar esta historia?

¿Cuántas veces nos empleamos en empresas en las que no existen los recursos necesarios (pértiga), las condiciones idóneas para trabajar (red), ni los indicadores o KPI que nos permitan saber cómo va el desarrollo de los procesos y del negocio (venda en los ojos)?

¿Cuántas veces apelan a nuestro “sentido profesional”, o nos confrontan con la manida frase de “aquí se trabaja con la uñas”?

Cada vez que aceptamos desarrollar nuestro trabajo en condiciones de poca información, carencia de los recursos imprescindibles para realizar el trabajo,  o expuestos a un alto riesgo, no estamos retándonos, estamos inmolándonos. A la vez que haciéndole un flaco favor a la organización que requiere de nuestros servicios, al no elevar el nivel de exigencia interno para que se habiliten los medios que asegurarán el éxito en el logro de las metas.

Esto sí es ser profesional: ayudar a identificar, a justificar y a utilizar eficientemente los medios requeridos para el logro de los fines que persigue una organización.

De manera que la próxima vez que se encuentre en una situación similar a la descrita en este artículo, reflexione profundamente y, excepto que usted sea spiderman -el hombre araña- esfuércese en hacer ver lo obvio y sus probables consecuencias.

Y si no logra convencer a sus superiores, considere la posibilidad de no entrar en su juego; su vida profesional vale mucho para perderla de una manera tan tonta.

Para descargar este artículo en PDF haga clic en el siguiente enlace Art. 39 Blog

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2014 Vladimir Gómez Carpio

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