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No le quité la cama… le quité el sueño

“Cuidando el fondo y no solo la forma”.

¡Lo había logrado! Mi amigo emprendedor le había pedido al Universo una pequeña fábrica, sencilla, aunque no fuese nueva, para dedicarse a producir y comercializar productos químicos, el Universo le escuchó y se la dio: chica, simple y vieja. Solo que contenía también una sorpresa: el químico, el hombre que tenía en su mente todas las fórmulas y todos los secretos de la producción, era parte del legado de la empresa, y tenía en medio de la fábrica una cama en la que descansaba cada vez que no había mucho que hacer.

Ante esa falta de seriedad con el trabajo y ese mal mensaje para el resto del personal, le pregunté al novel empresario qué pensaba hacer y me dijo: “este tipo es una suerte de vaca sagrada en la empresa porque tiene en su cabeza todo el conocimiento técnico (know how) del negocio. Ya veré que se me ocurre”.

Pasado un par de meses, llamé a mi amigo por teléfono y a manera de chanza le dije: “Oye ¿le quitaste la cama al químico?” A lo que él me respondió: “no, le quite el sueño”.

Debo confesar que me dio una clase magistral sobre gestión, sobre gerencia. Él se había concentrado en generar la demanda necesaria de trabajo para que no hubiese tiempos muertos ni improductividad y, por supuesto que también fue documentando poco a poco las fórmulas y los procesos productivos, con lo que nuestro otrora imprescindible químico se volvió más cauto en su proceder.

¿Cuántas veces pretendemos quitarle la cama a la gente en el trabajo? Lo hacemos cada vez que nos enfocamos en que no se alarguen los períodos de descanso, cuando nos preocupamos por que el personal está hablando por teléfono asuntos privados, cuando están navegando por Internet buscando temas ajenos al trabajo, cuando están  conversando con sus compañeros descuidando sus labores. En esos casos  la pregunta de fondo a formularnos es: ¿existe realmente un flujo tenso en el trabajo? ¿Existe una demanda racional, justa, pero exigente por obtener determinados resultados?

Es más fácil atacar los efectos, las formas, que ir a las causas, los síntomas.

Así que revise sus flujos de trabajo, la integración de los procesos de su empresa, la distribución de responsabilidades y, algo muy importante, su sistema de consecuencias -qué hacer cuando la gente hace bien las cosas y qué hace cuando las hace mal- y verá como el personal de su organización no tiene sueño durante el trabajo.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

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1 comentario en “No le quité la cama… le quité el sueño”

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