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Nunca he conocido a un mal trabajador

“Confundimos los fallos de diseño con los de desempeño”.

Algún día me gustaría conocer a un mal trabajador, he escuchado mucho hablar de ellos en los más de cuarenta años que llevo conviviendo en entornos organizativos. Parece ser que existen, que se encuentran en todas las organizaciones, ya sean éstas privadas, públicas o sociales. Pero la verdad es que yo nunca me he topado con uno de ellos, incluso he llegado a preguntarme si en realidad existen.

Cada vez que alguien me ha referido que en su organización había alguno de estos especímenes (un “mal trabajador”), al conocerle me he llevado una decepción por cuanto nunca era tal. En cambio lo que sí encontré fue a un trabajador:

  • Desmotivado
  • Mal entrenado
  • Mal supervisado
  • Trabajando en un puesto mal estructurado
  • Trabajando en el puesto equivocado
  • Trabajando en la empresa incorrecta

Las cuatro primeras características de este grupo son las más abundantes y, paradójicamente, no están relacionadas con algo que dependa exclusivamente del trabajador, sino de sus superiores. Ejemplo: una pobre definición de procesos, una deficiente asignación de responsabilidades, la ausencia de normativas claras y bien concebidas que guíen al trabajador en la realización de sus funciones. Todas ellas son fallos imputables al diseño organizativo, a la estructura; algo que es responsabilidad casi exclusiva de la gerencia, de la dirección.

Actuar sobre los fallos de diseño reduce la ineficiencia de todo el sistema de trabajo y contribuye a elevar la moral y la motivación del trabajador.

Los directivos de las organizaciones no pueden renunciar a la responsabilidad que tienen por el sistema complejo en el que se encuentra inmersos sus trabajadores, por más que les resulte cómodo demandar de ellos cualidades que como sus superiores no han hecho nada por desarrollar o por incentivar.

Los supervisados pueden ayudar a mejorar los sistemas de trabajo involucrándose activamente en su revisión y proponiendo ideas para optimizarlos, pero eso no implica que se deba delegar en ellos la responsabilidad de su transformación, por cuanto son los gerentes y los directivos los responsables de la integridad y la eficacia del sistema de trabajo.

De manera que la próxima vez que piense que fulano o mengano es un mal trabajador, deténgase un momento y pregúntese si no estará incurriendo precisamente en alguno de los seis fallos descritos anteriormente. Sí es así, dedíquele tiempo a precisarlos, asesórese y corríjalos sin dilación.

Ah, y si llega a conocer a un mal trabajador, por favor avíseme, que llevo tiempo tratando de conocer a uno y no lo he conseguido.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2015 Vladimir Gómez Carpio

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