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El secreto peor guardado

“Lo que no ocultan las organizaciones y los países exitosos”.

No, no es un error, no he querido decir el secreto mejor guardado, sino todo lo contrario, pues me quiero referir a algo muy obvio, pero que nos empeñamos en no querer ver.

Quizás el secreto peor guardado de las empresas, instituciones y naciones aventajadas, sea que buena parte de su éxito radica en la disciplina con la que se someten a ciertas reglas de comportamiento. En la forma según la cual se ciñen a las leyes, políticas, normas y procedimientos establecidos para regir su funcionamiento; esas guías invisibles que encauzan sus acciones.

Y digo que es el “secreto peor guardado”, precisamente porque esas entidades no lo ocultan, está a la vista de todos, pero por razones que desconozco, en muchas empresas y países “en vías de desarrollo” se prefiere ignorarlo y no concederle la relevancia que tiene.

Por cierto, resulta curioso que a las naciones no desarrolladas se las denomine así, “en vías de desarrollo”, pero que no exista un calificativo similar para las organizaciones o empresas no desarrolladas. Ni el anglicismo start ups, ni el acrónimo PYME (Pequeña y Mediana Empresa) hacen referencia al nivel de desarrollo de una empresa, sino solo a su edad, o su tamaño; a través de elementos como el capital, el volumen de ventas, o el número de empleados. Pero no se las clasifica en función de qué tan sistematizado tienen el trabajo, o cuán organizadas se encuentren. Lo cual es sorprendente, pues de ello depende su supervivencia y su éxito.

Algún día tal vez escucharemos un término como EGPS, para referirse a las Empresas Gestionadas Profesional y Solidariamente. Cuando éstas se constituyan en un paradigma de la gestión estratégica, profesional y sistemática, y de la acción solidaria. Entendiendo por solidaridad el empeñarse afanosamente por el bien común, en el ámbito social y en el ambiental.

Pero volviendo a las normas y procedimientos, la naturaleza misma es un ejemplo excelente del éxito de este proceder guiado, protocolizado. Resulta sorprendente ver como astros, seres vivos, átomos y moléculas se rigen todos ellos por patrones de comportamiento trazados rigurosamente y gracias a los cuales se mantiene la vida en el planeta y se preserva el orden en el Universo.

Regirse por normas y procedimientos es un comportamiento que aprendemos desde el momento en que nacemos, en el seno de una familia, o de una comunidad, que debe reforzarse periódicamente.

Cada cierto tiempo necesitamos enfatizar la importancia de “hacer lo debido”, de ceñir nuestra conducta a las normas vigentes.

En el mundo de las empresas día a día está tomando más relevancia el denominado compliance. Término tomado del inglés que se emplea para referirse a la práctica de establecer las políticas y procedimientos adecuados y suficientes que garanticen que una empresa, incluidos sus directivos, empleados y agentes vinculados, cumplen con el marco normativo aplicable.

Para lograr regir nuestro proceder por guías de comportamiento válidas, las siguientes recomendaciones pueden ayudarnos:

  1. Entender que toda organización opera dentro de un marco regulatorio legal (leyes, decretos) y técnico (normas del sector).
  2. Tener presente que toda organización es estratégica y que su estructura ha de estar en función de la estrategia, por lo que ha de diseñarse de una manera flexible.
  3. Diseñar los procesos de manera racional, inteligente, sin desperdicios; de forma que cada una de las actividades o tareas que los constituyen realmente agreguen valor.
  4. Establecer responsables de cada proceso, actividad o tarea, de manera que cada una tenga un “dueño”. Y establecer, igualmente, consecuencias explícitas ante el comportamiento divergente.
  5. Lograr el compromiso de la alta dirección para conducir la organización de conformidad con las guías trazadas (compliance).
  6. Disponer de un mecanismo que permita la monitorización y la mejora continua de los procesos, no solo dando cabida, sino incentivando la innovación.

Una organización que cumpla estas premisas será considerada fiable por los individuos o grupos a quienes ésta se deba (stakeholders) y estará en el camino de lograr una identidad sólida y un elevado sentido de misión entre sus miembros.

El éxito de una gestión es a la vez eficacia y efectividad. La eficacia nos lleva a fijarnos objetivos que satisfagan los requerimientos de nuestros stakeholders, la efectividad nos asegura que la ejecución se realice según lo acordado. Eso incluye la adhesión a las normas que rigen nuestro desempeño.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2016 Vladimir Gómez Carpio

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