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¿Logramos sacar lo mejor de la gente?

“El potencial oculto de todo trabajador”.

Si una organización está trabajando en la dirección equivocada, el volverse más eficiente no hará sino agravar su situación actual. Pero lo usual no es que esto suceda, sino que, por lo contrario, los líderes de las organizaciones tienen bastante claro hacia donde se dirigen y qué camino han de seguir.

Pero lo que a muchos líderes si puede estar faltándoles es saber cómo obtener el mejor rendimiento de sus equipos de trabajo. Cómo extraer esa energía extra que hace que las actividades grupales sean acometidas con diligencia y con esmero.

Llegamos a relajar tanto el nivel de exigencia en las organizaciones, que la gente se acostumbra a cumplir con monótonos rituales laborales, a desenvolverse con el mínimo esfuerzo y obtener solo pequeños logros diarios. Subutilizando así la enorme capacidad de trabajo de nuestros colaboradores.

Para vencer esta suerte de apatía laboral contamos con una poderosa estrategia: “la de subir el listón y elevar las exigencias del grupo, forzando el logro de resultados sobresalientes”.

Cuando la gente experimenta una alta exigencia para lograr determinados resultados, saca fuera de sí  reservas ocultas, talentos encubiertos, a los que solo apela en casos extremos.

En un curioso taller al que asistí hace unos años, denominado “proyectos rompe-barreras”, con un consultor de Toronto, Canadá, éste insistía en que por lo general la gente entregaba muy poco de su capacidad de trabajo, simplemente porque no lo sentía necesario, porque no existía un requerimiento extremo que debiera satisfacer de manera apremiante. Porque no había un deadline o fecha tope, en la que cumplir sus tareas.

Aclaraba también que exigir no es solo un asunto de presionar y estresar al trabajador, sino más bien de motivarle e incitarle para que se empeñe en lograr el resultado deseado. De provocarle para que despliegue sus talentos en pos de una meta que le resulte retadora y que sea, por supuesto, alcanzable.

Pero para que la exigencia sea efectiva y consistente debe estar asociada a un sistema de consecuencias. Es decir debe haber un “premio” si se logra la meta anhelada y un “castigo” si no se consigue. El premio puede ser tan simple como un reconocimiento sincero o tan elaborado como un esquema de incentivos económicos, y el castigo puede ir desde la simple amonestación verbal hasta la reprimenda severa y por escrito.

Es posible sacar lo mejor de los demás si logramos apelar a su potencial oculto y si reforzamos luego los logros sobresalientes mediante un sistema de consecuencias. Estas técnicas se emplean en el mundo de las organizaciones desde hace muchos años, pero a veces las olvidamos debido a su sencillez.

De manera que las siguientes medidas pueden llevar su grupo a un nuevo nivel de resultados:

  1. Fije metas retadoras e inaplazables
  2. Asigne responsabilidades claras
  3. Establezca un sistema de consecuencias

Y prepárese para beneficiar a su organización y a su gente por la liberación del potencial oculto de sus trabajadores.

Vladimir Gómez Carpio
Consultor en procesos de transformación personal y organizativa
www.trinodus.com

Copyright (c) 2015 Vladimir Gómez Carpio

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